Hasta el 40% de los niños con desarrollo típico y hasta el 90% de los niños con discapacidad se ven afectados por problemas con la alimentación y el comer.

Hasta el 40% de los niños con desarrollo típico y hasta
el 90% de los niños con discapacidad se ven afectados
por problemas con la alimentación y el comer.

La alimentación es un proceso complejo, en el cual interaccionan diversos
sistemas intrínsecamente coordinados. Para que dicha coordinación funcione
correctamente, es necesario que el niño domine las habilidades implicadas en
cada sistema, siempre teniendo en cuenta el estado de desarrollo en el que se
encuentra el niño. Una alteración en cualquiera de estos sistemas puede llevar
a un trastorno de alimentación y a complicaciones asociadas.

La hora de la comida, en lugar de ser una parte fácil de la rutina del día, puede
llegar a ser muy estresante y lenta para el niño y quienes cuidan de él.
Es crucial proporcionar tratamiento a los niños resistentes o rígidos con los
alimentos, porque esto puede afectar negativamente el crecimiento y la
nutrición, así como sus interacciones sociales y emocionales con la familia y
sus iguales, incluyendo la experiencias sociales y culturales que implican una
interacción con alimentos, tales como una comida social, una merienda o una
celebración.

Las principales preocupaciones de los padres con respecto a la alimentación
de sus hijos incluyen la limitación en la variedad de alimentos, dificultades para
masticar y las habilidades limitadas para comer de forma independiente.
Muchos niños comienzan con los problemas de alimentación en su primer año
de vida, en el momento de comenzar con las texturas con grumos o la
introducción de alimentos sólidos.

Las causas de estas dificultades es aún desconocida y se encuentra en
estudio. Los factores ambientales pueden afectar la capacidad y el aprendizaje
del niño en el “dónde, cómo y cuándo es adecuado comer” a través de
modelajes apropiados, presión de los padres para comer, o la falta de
exposición a nuevos alimentos.

Hay niños que rechazan de forma selectiva algunos alimentos por sus
características sensoriales (sabor, texturas, olor y/o forma), otros de ingesta
limitada (falta de interés) que presentan una escasa conciencia de apetito y
poco interés por la comida y otros que tienen aversión postraumática y dejan
de aceptar alimentos por miedo a vomitar o atorarse.

El hecho de que el momento de la comida sea una experiencia desagradable
puede llevar a la aparición de problemas conductuales, en respuesta a evitar
un evento displacentero. En estos casos, los cuidadores pueden llevar a cabo
diversas estrategias con el objetivo de que el niño coma, tales como;
amenazar, engañar, entretener con juguetes, o incluso negociar con la comida.
Estas estrategias no hacen más que contribuir a la idea que tuviese el niño de
“la comida es algo a evitar” o “la comida es algo que cuanto más rápido pase
mejor”.

Los niños/as con trastorno de evitación y restricción de la Ingesta de Alimentos
(ARFID) presentan mayor comorbilidad psiquiátrica y dentro de estos se
encuentran los trastornos del ánimo, trastornos ansiosos, trastornos obsesivos,
trastornos de estrés postraumático y trastornos del neurodesarrollo (TEA y
TDAH). Otros síntomas asociados que deben considerarse en la sospecha de
ARFID son dolor abdominal, reflujo, náuseas, ansiedad y tiempo prolongado de
alimentación, así como alergias alimentarias y prematurez.

Hasta ahora, el diagnóstico y tratamiento de los trastornos de alimentación han
sido abordados unilateralmente desde cada disciplina. Estos enfoques
unilaterales no englobaban la complejidad de estos desordenes. El tratamiento
óptimo debe de ser realizado por un equipo multidisciplinario conformado por
nutricionista, profesional de la salud mental, terapeuta ocupacional y logopeda
con estrecha colaboración con los padres y cuidadores.

En el centro Neuralba, en El Ejido, Almería cuentan con terapeutas
ocupacionales y logopedas calificados con amplia formación y experiencia en
problemas de alimentación en la infancia.