Autismo, musicoterapia y Funciones Ejecutivas

Autismo, musicoterapia y Funciones Ejecutivas

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La musicoterapia lleva años encontrando su hueco en el mundo de la diversidad funcional gracias al carácter naturalmente motivante que ofrece esta terapia (Mercadal-Brotons y Augé, 2012). Concretamente, Mateos-Hernández (2002) informa de los beneficios que reporta la música para acceder al mundo interior de estos niños/as, mejorando la coordinación motriz, la flexibilidad cognitiva y el lenguaje errático característicos de esta población.

Generalmente, y siguiendo a Mateos-Hernández (2002) el trabajo con niños/as con TEA suele centrarse en los siguientes objetivos:

  • Conectar al niño con el mundo exterior.
  • Desarrollar y encontrar su propio ritmo.
  • Fomentar el desarrollo neuromotor.
  • Facilitarse nuevas formas de expresión de emociones adecuadas a su nivel de lenguaje
  • Mejorar coordinación motora gruesa.
  • Perfeccionar motricidad fina.
  • Localizar puntos sensitivos de su propio cuerpo.
  • Mejorar la agudeza de los sentidos.
  • Facilitar relaciones interpersonales (especialmente en sesiones grupales).

El campo de las FE también ha sido explorado por la musicoterapia y los resultados que se han encontrado han sido positivos, pues la música requiere el uso de un conjunto destacable de procesos cognitivos, entre los cuales ocupan un lugar destacado, las FE (Abrahan y Justel, 2015). Así pues, en un estudio realizado con adultos con daño cerebral adquirido, la musicoterapia no sólo mejoró las funciones ejecutivas, sino también problemas de estado de ánimo como la ansiedad y la depresión (Thaut et al, 2009). Concretamente, en las tareas de atención sostenida y alternante se encontraron los mejores resultados.

Por otra parte, en un estudio más reciente, en personas con enfermedad de Parkinson, llevado a cabo por Lesiuk, Bugos y Murakami (2018), se observó una mejoría notable en tareas de memoria de trabajo, velocidad de procesamiento y planificación al estimular musicalmente la red cerebelosa tálamo-cortical.

En una revisión teórica llevada a cabo por Jauset-Berrocal y Soria-Urios (2018) se pone de manifiesto una técnica músical de rehabilitación cognitiva llamada Executive Function Training o Musical Executive Function Training. En esta técnica se plantea al paciente que planifique una interpretación musical en todos sus aspectos: selección de la obra, del instrumento y de la duración. Al mismo tiempo, se le solicita que decida los instrumentos adecuados a cada integrante y las instrucciones que debe dar a cada uno. En definitiva, se le asigna una tarea en la que debe tomar unas decisiones, con el propósito de estimular el lóbulo prefrontal, el área cerebral involucrada en las tareas de planificación. Este programa ha sido todo un éxito en personas con ictus y otros trastornos psiquiátricos (Kandel, 2007).

En el ámbito del TEA, las técnicas musicoterapéuticas también han encontrado su hueco en el entrenamiento de las FE. Por una parte, la planificación se ha entrenado gracias a una técnica conocida como Estructura musical ABA. Esta técnica consiste en emplear temas musicales que constan de una estructura predecible y repetitiva. En un estudio llevado a cabo por Vaiouli, Grimmet y Ruich (2013), se usaron los elementos predecibles y repetitivos de la música demostrando una reducción significativa de la ansiedad y una notable habilidad para el razonamiento y la organización mental en niños con TEA. Por otra parte, la capacidad atencional se ha visto mejorada en sus diferentes dimensiones en diferentes estudios (Finnigan y Starr, 2010; Geretsegger, Elefant, Mössler y Gold, 2014).

El entrenamiento de la inhibición en musicoterapia se ha centrado, sobre todo, en el control del movimiento corporal pues el movimiento descontrolado y disfuncional de estos niños/as provoca en ellos/as no pocos episodios de frustración (Mateos-Hernández, 2002). No obstante, la mayor parte de los estudios de este ámbito se han centrado en la población con TDAH (Galicia-Connolly, Shamseer y Vohra, 2011; Rickson, 2006; Rickson y Watkins, 2003; Windwer, 1981).

En cuanto a la fluencia verbal, destacan dos técnicas musicoterapéuticas que han dado excelentes resulados en el mundo del TEA. Concretamente, hay que referise a la Aplicación para la formación auditiva motora o AMMT (Auditory Motor Mapping Training) y a la terapia de entonación melódica (Melodic Intonation Therapy) o MIT que han logrado facilitar la producción del lenguaje bajo instrucción así como el uso del lenguaje sin la ayuda de un terapeuta tras ocho semanas de terapia (Kern, Rivera, Chandler y Humpal, 2013). Resultados similares, se han encontrado con la improvisación musical (Srinivasan y Bhat, 2013).

En un estudio llevado a cabo por Sandiford, Mainess y Daher (2013) se puso en práctica una terapia de comunicación basada en lo melódico (TCAP). Los resultados demostraron que se podía entrenar a personas con TEA en articular 25 palabras objetivo mediante el uso de la música en sesiones de 45 minutos de duración. El objetivo de este estudio era realizar una comparación entre la TCAP frente a una terapia de lenguaje tradicional en niños/as con TEA no verbal de entre 5 y 7 años. Los resultados obtenidos en este estudio reflejaron que el grupo sometido a la terapia musical presentaba una mejoraría notoria en el número de intentos verbales y uso de palabras correctas que el grupo que había asistido a una terapia de lenguaje convencional. Además, los niños/as llegaron a verbalizar un mayor número de nuevas palabras (además de intentos de imitación) que el grupo intervención musicoterapéutica frente al grupo control.

A modo de conclusión, las conclusiones finales a las que se puede llegar, a raíz de lo expuesto, serían:

  • La musicoterapia se presenta como una herramienta eficaz para llevar a cabo una rehabilitación o entrenamiento neuropsicológico de aquellos procesos cognitivos alterados.
  • La musicoterapia posee un carácter naturalmente reforzante y motivador que permite implicar a los participantes desde la primera sesión.
  • La musicoterapia permite a los niños/as ser partícipes en la creación de algunas de las actividades que se llevarán a cabo en sesión, entrenando de manera indirecta la toma de decisiones y la creatividad.
  • Las tareas musicales tienen que adaptarse a la idiosincrasia de cada niño/a y respetar sus gustos musicales en la medida de lo posible.
  • Es necesario que los ejercicios musicales sean breves para que los niños/as puedan mantener la atención y concentración sin problemas.
  • Es fundamental proporcionar feedback a los participantes para que sea conscientes de su rendimiento y se esfuercen en mejorar.