DEMENCIAS: TIPOS E INTERVENCIÓN

DEMENCIAS: TIPOS E INTERVENCIÓN

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Introducción a las demencias

Aunque la primera clasificación se atribuye a Galeno, desde tiempos antiguos se ha tenido constancia de textos que hablan sobre personas con demencia. Sin embargo, el término «demencia» hasta el siglo XIX se consideraba un trastorno propio de la edad, y aún hoy, se mantiene esa idea en algunos sectores de la sociedad.

Las investigaciones han demostrado que “demencia” no es sinónimo de envejecimiento (Nelson, et al., 2011). Los estudios anamatopatológicos han tenido mucho que ver en ello. Los hallazgos encontrados en pacientes con demencia que previamente no habían tenido deterioro cognitivo ni enfermedad mental, en comparación con los que aparecen en cerebros de ancianos sin demencia, indican que, aunque la edad sí es un factor de riesgo, la demencia representa un proceso neurodegenerativo diferente al que se produce en un cerebro normal.

 

                Tipos más comunes de demencias:

                Demencia tipo Alzheimer

Los primeros indicios de deterioro en la demencia tipo Alzheimer se manifiestan en el lóbulo temporal medial y afectan a la corteza entorrinal, la circunvalación hipocámpica y el hipocampo. Es el tipo de demencia más común y más conocida en la sociedad. La enfermedad debe su nombre a Alois Alzheimer, psiquiatra y neuropatólogo, quien llevaba trabajando desde 1880 con este tipo de pacientes (Montoro, Ruiz-Cabello y Arnedo-Montoro, 2012).

                Demencia vascular

Es la tercera causa más frecuente de demencia, después del Alzheimer y la demencia por cuerpos de Lewy) en personas de más de 65 años. Está causada por una serie de pequeños accidentes cerebrovasculares. Un accidente cerebrovascular (ACV) es una interrupción o bloqueo del riego sanguíneo a cualquier parte del cerebro. Si el flujo de sangre se detiene por más de unos pocos segundos, el cerebro no puede obtener oxígeno. Las células cerebrales pueden morir, causando daño permanente (Barroso, Nieto, Correia y Hernández, 2012).

                Demencia con cuerpos de Lewy

Es uno de los tipos de demencia degenerativa más frecuente, y la tercera en la clasificación general, después de la demencia vascular. Debe su nombre al doctor Heinrich Lewy, quién en 1912, describió por primera vez la presencia de unas estructuras proteicas redondeadas y anómalas que se extendían de manera difusa por regiones corticales y subcorticales del cerebro en estos pacientes, a las que denominó cuerpos de Lewy (Roldán, Garrido, Ramos y Torres, 2012).

                Demencia frontotemporal variante de la conducta

Se caracteriza por un deterioro progresivo de la personalidad, el comportamiento social y la cognición. Aparece un deterioro progresivo y focal de los lóbulos frontales y temporales. En la actualidad no existen biomarcadores definitivos, por lo que su diagnóstico se basa en criterios clínicos (Barroso, Nieto, Correia y Hernández, 2012).

                Afasia progresiva primaria no fluente (enfermedad de Pick)

A comienzos del siglo XX, cobró importancia del estudio de los pacientes que, en ausencia de una alteración del nivel de conciencia, presentaban un deterioro focal o incluso progresivo de sus capacidades cognitivas y conductuales que afectaban a la volición y su autonomía funcional. Todo ello confluye con un trastorno del lenguaje. A Arnodl Pick se le atribuye la primera descripción en 1982 de un caso clínico con un cuadro de estas características (Yela y Cortés, 2012).

Principales áreas afectadas de los procesos neurodegenerativos

Memoria

La memoria semántica y episódica son dos de los dominios que se ven tempranamente afectados en las personas que padecen demencia. Estos déficits afectan tanto a la memoria verbal como visual y se reflejan en la conducta del paciente al repetir continuamente la misma pregunta, olvidar citas importantes o el lugar donde ha colocado objetos de su interés.

Lenguaje

Aparecen déficits en la denominación y en la fluidez verbal. Con el progreso de la demencia se afecta el circuito persilviano temporoparietal, implicado en la comprensión, y las regiones frontales relacionadas con la expresión y el uso de la gramática. Gradualmente, se manifiestan dificultades en la lectoescritura.

Desorientación espaciotemporal

La persona no sabe “cuando” ni “donde” está. Se relaciona con los déficits en el aprendizaje contextual que realizan los circuitos hipocámpicos y las alteraciones visuoperceptivas asociadas al deterioro frontoparietal.

 

Apraxias

Afectan a tres modalidades: ideomotoras, constructivas e ideatorias. Los pacientes suelen equivocarse en las prendas que seleccionan para vestirse (ropa de invierno en verano) y su colocación (falda como camisa).

Agnosias

Son típicas de los estados más avanzados de la enfermedad. Es muy evidente la prosopagnosia; al principio con personas menos conocidas, pero luego con conocidos en incluso con cuidadores; al final no reconocen ni su propia cara en el espejo.

Razonamiento abstracto y lógico

Errores sencillos en la comprensión de situaciones cotidianas

Alteraciones en personalidad, emoción y conducta

Son la depresión y la apatía las más comunes y persistentes. A estas alternaciones se suelen sumar otras como la agresividad, trastornos del sueño, deambulación, ansiedad y trastornos relacionados con el impulso sexual o el apetito. A medida que la enfermedad progresa pueden aparecer alucinaciones y delirios.

Intervención no farmacológica

No existe en la actualidad ningún tratamiento farmacológico capaz de curar las demencias ni detener su desarrollo aunque si es posible estabilizar y paliar algunos de sus síntomas. A continuación, y según lo plateado por Ruiz-Cabello y Arnedo-Montoro (2012) detallamos como puede intervenirse, desde distintas áreas, en las demencias:

Rehabilitación y entrenamiento cognitivo

Con el fin de estimular y preservar los principales básicos y superiores, se planifican una serie de tareas a través de programas de intervención estructurados en los que se desarrollan actividades focalizadas mediante la presentación de estímulos variados. La aplicación de estas técnicas se organiza en función del estadio de la enfermedad y, especialmente, de la conservación o no del lenguaje y de la capacidad para mantener la atención. Tanto la estimulación individual como la que se aplica en grupos pequeños consiguen mejorar la atención, el lenguaje y la memoria, a través del empleo de estrategias compensatorias. Los resultados son mejores cuando la estimulación cognitiva se acompaña de técnicas de relajación y terapias de reminiscencia  (evocación de recuerdos y vivencias pasadas, muchas de contenido emocional que van a facilitar por más tiempo el mantenimiento de la identidad y de la memoria autobiográfica).

 

Entrenamiento en las AVD

El objetivo es que el paciente alcance el nivel máximo nivel de independencia posible en AVD. Resulta evidente que la efectividad del entrenamiento cognitivo debería evaluarse a través de su impacto en la mejoría funcional del paciente. Las tareas programadas deberán ser más o menos complejas en función del paciente. Se ha comprobado que estos entrenamientos, además de producir mejores en la calidad de vida, retrasan la institucionalización.

Terapia de orientación a la realidad

Pretende disminuir la desorientación espaciotemporal que suele presentar los pacientes de demencia. Consiste en proporcionar al enfermo claves externas que lo ayuden a situarse en la realidad presente (calendarios, relojes, noticias de radio, periódicos, etc.) y desarrollar actividades que faciliten la orientación (ropas que visten, hojas de otoño, período de Navidad, procesiones de semana santa, etc.).

Técnicas de modificación de conducta

Buscan mejorar las alteraciones de conducta provocadas por la enfermedad. Los resultados suelen ser mejores que los alcanzados con fármacos.

Atención a los cuidadores

En cuanto a los cuidadores, hay una proporción significativamente mayor de mujeres que de hombres. Ellas son, en general, hijas y esposas del paciente. La intervención se dirige, especialmente, a proporcionar información, valorar el trabajo que realizan, orientarlos para que definan los límites del cuidado, desculpabilizándolos por permitirse espacios para el ocio, favorecer esos espacios para el ocio, buscar redes de apoyo familiares y sociales para distribuir las tareas del cuidador.

Referencias bibliográficas:

Barroso, J., Nieto, A., Correia, R. y Galtier, I. (2012). Demencia frontotemporal variante de la conducta. En M. Arnedo, J. Bembibre, y M. Triviño. (Ed.), Neuropsicología a través de casos clínicos (pp. 279-291).

Montoro, N., Ruiz-Cabello, J. y Arnedo, M. (2012). Demencia Tipo Alzheimer. En M. Arnedo, J. Bembibre, y M. Triviño. (Ed.), Neuropsicología a través de casos clínicos (pp. 257-270).

Nelson et al. (2011). Alzheimer´s disease is not «brain aging»: neuropathological, genetic, and epidemiological hman studies. Acta Neuropathol, 121, 571-587)

Roldán, G.M., Garrido, L., Ramos, M.A. y Torres, I. (2012). Demencia con cuerpos de Lewy. En M. Arnedo, J. Bembibre, y M. Triviño. (Ed.), Neuropsicología a través de casos clínicos (pp. 271-278).

Deus, J. y Salas, M. (2012). Afasia progresiva primaria no fluente. En M. Arnedo, J. Bembibre, y M. Triviño. (Ed.), Neuropsicología a través de casos clínicos (pp. 293-307).